11 de Mayo del 2026.

Hoy, 11 de mayo, me pongo a pensar en cómo cambia la vida en tan poquito tiempo. Hace unos meses andaba en mi Spark 2017, un carro sencillo, económico, fiel en muchas etapas… y ahora estoy en un March 2022 automático, más moderno, diferente, cómodo, aunque sí, un poco más gastalón de gasolina jaja. Y entre esos cambios, también llegó algo que jamás pensé dominar tan rápido: ahora hasta me aviento mandados en la FT 125 como si nada.

A veces creemos que Dios solo está en los grandes milagros, pero también está en los pequeños cambios de la vida diaria: en los carros que vienen y van, en las decisiones difíciles, en los retos económicos, en aprender cosas nuevas aunque al principio den miedo, y hasta en esos momentos donde uno se pregunta: “¿Qué sigue ahora?”

La vida cambia rápido. Personas cambian. Planes cambian. Vehículos cambian. Incluso nosotros cambiamos. Pero Dios sigue siendo el mismo.

Quizá hoy no todo sea perfecto. Tal vez hay preocupaciones, gastos, dudas o cansancio. Pero mirar atrás y ver todo lo que ya has superado también es una señal de que Dios no te ha soltado.

Antes era el Spark.
Ahora es el March.
Antes tal vez no sabía mover una moto.
Ahora ya ando en la FT 125 haciendo mandados tranquilo.

Y así es la vida: una mezcla rara entre nostalgia, crecimiento y nuevas etapas.

La Biblia dice:

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.”
— Eclesiastés 3:1

Hoy doy gracias por los cambios, incluso por los que no entendí al principio. Porque cada etapa, buena o difícil, me ha enseñado algo. Y aunque el camino siga teniendo luchas, sé que Dios sigue manejando conmigo, ya sea en un Spark, en un March o arriba de una FT 125 bajo el sol.

Porque al final la vida sí cambia bien rápido. Cambian los carros, cambian las etapas, cambia la mentalidad, cambian las prioridades… y uno a veces ni cuenta se da de todo lo que Dios lo va haciendo crecer mientras pasan esas cosas.

Antes me preocupaban unas cosas.
Hoy me preocupan otras.
Antes veía la vida de una manera.
Hoy la veo distinto.

Y sinceramente, algo que traigo mucho en mi corazón es que me quiero casar con Nancy Grisel. Ya no lo veo como algo lejano o como un simple “a ver qué pasa”. De verdad quisiera construir algo bonito con ella. Un hogar tranquilo. Una vida juntos. Pasar las buenas etapas y también las difíciles.

Pero también entiendo algo: no todo tiene que pasar rápido.

A veces uno quisiera tener ya todo resuelto… estabilidad, dinero, tranquilidad, planes completos. Pero creo que Dios primero trabaja en uno antes de entregarle ciertas cosas. Y aunque suene raro, hasta detalles simples como aprender a administrar gasolina, pensar en gastos, trabajar más o adaptarme a nuevos cambios, siento que también me han ido haciendo madurar.

Porque formar una vida con alguien no es solo querer mucho.
También es aprender responsabilidad, paciencia y constancia.

Y creo que justamente eso es lo que Dios ha estado trabajando conmigo este tiempo.

Tal vez por eso mi vida se ha movido tanto estos meses. Porque mientras yo pensaba que solo estaba cambiando de carro o aprendiendo a manejar una moto, Dios también estaba cambiando mi manera de pensar y preparándome para cosas mayores.

Y aunque todavía hay luchas, incertidumbre y días pesados, algo sí sé: Dios nunca llega tarde.

El Spark tuvo su tiempo.
El March tiene el suyo.
La FT125 también.
Y si Dios quiere, también llegará el tiempo correcto para todo lo que sueño junto a Nancy Grisel.

Porque al final, todo lo que Dios hace en el tiempo correcto… termina teniendo más sentido del que uno imaginaba.

Dios te bendiga.

¡Eres un milagro.!