Como un espejo.

Bendecido Viernes.

Es curioso como el tiempo pasa y las cosas cambian. Cuando era un adolescente, me la pasaba viéndome en el espejo, y me tardaba peinándome.

Cada que podía me miraba y era muy vanidoso con mi imágen.

Después cuando ya estaba a finales de la prepa e inicios de la universidad, me dejó de importar un poco mi imágen e incluso no me gustaba mirarme en el espejo, porque no me agradaba lo que veía..

Ahora como adulto jóven, he aprendido a aceptar quién soy y cómo me veo. He aprendido a verme en el espejo y aceptar quién soy. Tal y como soy. Ya no le tengo miedo al espejo y puedo ver mi propio reflejo sin sentir verguenza, al contrario, me gusta lo que veo.

La Biblia tiene un poder muy grande para reflejar la verdad en el corazón del ser humano.

La Palabra de Dios es como un espejo que revela quiénes somos en realidad, muestra nuestras heridas, errores y también la belleza de lo que Jesús puede hacer en nosotros cuando nos entregamos a Su amor.

En Santiago 1:23-25, se dice: «Porque si alguno mira atentamente la ley perfecta, la que hace al hombre libre, y permanece en ella, no siendo oyente olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.»

Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.

La Biblia revela también las formas en las que el pecado, puede esclavizar y condenar a quien participa en el mismo. Pero recordemos hermanos, que la misión de Cristo en el mundo fue precisamente para liberar y salvar a los que estaban perdidos, para quitarles el peso de su condena y ofrecerles una nueva oportunidad en Su gracia.

En Juan 8:1, Jesús le dijo a la mujer que había sido acusada de adulterio: «Ve y no peques más.» No vino Cristo a condenar al mundo, sino a salvarlo y a ofrecer un camino de redención.

El pecado, puede traer condenación si se permanece en él, pero en Jesús tenemos la oportunidad de arrepentirnos y retornar al camino de la justicia y la pureza. La Palabra de Dios nos muestra que no hay pecado tan grande que no pueda ser perdonado, si en nuestro corazón hay arrepentimiento genuino y deseo de cambiar. En 1 Corintios 6:9-11, nos recuerda: «No se engañen nadie, ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros… heredarán el reino de Dios.»

Pero también sigue diciendo: «Y esto eran algunos de ustedes. Pero Dios los ha lavado, santificado y justificado en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios.»

«¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.«

La Biblia no solo revela nuestra condición, sino que también revela la verdad de Su amor de Dios y de su misericordia. Jesús nos invita a mirarnos en ese espejo, el cual es su Palabra, y a ver la belleza de lo que Cristo puede hacer en un corazón arrepentido.

Vayamos a Jesús, porque en su presencia hay perdón, restauración y una nueva vida. No importa cuán lejos hayamos llegado, siempre podemos volver a Cristo y encontrar paz y esperanza en su amor que nunca falla.

Recuerda siempre que: ¡Eres un milagro!