Hay un solo camino angosto.

Bendecido inicio de Semana.

Ser Cristiano no es tan solo ser simpatizante de Cristo.

En el corazón del Padre, hay un camino que lleva a la verdadera vida, ese camino es estrecho y sólo unos pocos lo encuentran y recorren.

Jesús, el buen pastor, nos dice en Juan 14:6: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.»

No nos dejemos engañar por los caminos anchos y fáciles, aquellos que parecen ofrecer paz y prosperidad sin compromiso. Son caminos que conducen a la perdición, porque mudan la verdad por mentiras y la justicia por indiferencia. Muchos caminan por esos senderos, creyendo que hay muchas formas, muchas maneras, pero Jesús advierte claramente que sólo hay un camino que lleva a la eternidad con Dios el Padre.

Ese camino es angosto, requiere entrega total, sacrificio y fe sin reservas.

El camino angosto no siempre es cómodo, ni fácil de transitar. Requiere que dejemos atrás nuestras propias ideas, nuestras ansias de control, y nuestra soberbia, para rendirnos completamente a la voluntad del Padre.

Es un camino que pide que llevemos nuestra cruz, que nos humillemos, que perdonemos y que amemos sin condición.

Pero también nos dice que en esa entrega encontraremos paz verdadera, esa que el mundo no puede dar ni quitar.

Recuerden que en Mateo 7:13-14 Jesús explica: «Entremos por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; pero estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.» Este contraste entre el camino ancho y el camino angosto revela que la decisión de seguir a Cristo requiere determinación.

La mayoría opta por la facilidad, pero el llamado es a seguir la verdad, aun cuando ella sea difícil de aceptar.

Herman@s, confiar en Jesús significa caminar por ese camino estrecho con fe firme y perseverancia.

Significa que en medio de las pruebas confíen en que sólo en mí hay vida y esperanza eterna. no se desalienten si sienten que el mundo les ofrece tentaciones y distracciones. Mantengamos nuestros ojos puestos en la meta, que es estar juntamente con el Padre en su gloria. La recompensa es inmensa y eterna, y valdra cada sacrificio en este mundo.

El mensaje es claro: sigan por ese camino angosto con valentía, con corazón humilde y con un amor sincero que solo el Espíritu Santo puede darnos. No hay otro camino, que conduzca a la verdadera VIDA. Vayamos, confíemos en Cristo y dejémonos guiar por esta senda que lleva a la ETERNIDAD.

Jesús es el camino y siempre estará con nosotros, guiándonos con misericordia y amor. Amén.

Recuerda siempre que: ¡Eres un milagro!