Fija tu mirada en Dios.

Bendecido Miércoles.

Hermanos y hermanas en Cristo, en medio de las tormentas y de las pruebas que la vida presenta, es fundamental que nuestra mirada no se desvíe ni a la izquierda ni a la derecha. Debemos fijar nuestros ojos en Él, quien es nuestro Salvador y nuestro camino, la verdad y la vida. Cuando nuestros ojos se mantenien en Él, encontramos paz en medio de las aflicciones, fortaleza en medio de las debilidades y esperanza en medio de las dificultades.

Recordemos que la Biblia nos enseña en Hebreos 12:2 que «puesto los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe». Él es nuestro ejemplo perfecto de cómo sostenernos en la fe y perseverar en el camino del Señor. Cuando nuestros ojos están enfocados en Él, no nos perderemos en el temor ni en las dudas. La mirada fija en Jesús nos hace recordar quiénes somos en Él y el propósito para el cual fuimos llamados.

Jesús nos invita a que no pongamos nuestra confianza en las circunstancias, en las riquezas o en las opiniones humanas, pues todo eso pasa. En cambio, fija tus ojos en la eternidad y en la promesa que Jesús tiene para nosotros. La mirada en lo alto me nos eleva y nos llena de paz, porque sabemos que en Él tenemos un refugio seguro y un amor inquebrantable.

En momentos de dificultad, Cristo nos desafía a que volvamos nuestro corazón hacia Él y pongamos nuestros ojos en la cruz. Ahí se revela el amor más grande, como dice en Juan 3:16, que dio su vida por nosotros. En esa mirada encontramos redención, perdón y la certeza de que no estamos solos. Jesús está con nosotros todos los días, desde ahora y hasta el fin del mundo.

Herman@s, no permitamos que los problemas que nos rodean desenfoquen nuestra vista. La fe viene por el oír y el oír por su Palabra. Sumérgete en ellas y fija tus ojos en sus promesas. Tengamos en cuenta que aquel que fija sus ojos en mí, no será conmovido por las tempestades, sino que será como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da fruto en su tiempo y sus hojas no caen.

Recordemos también que en Mateo 14:29, cuando Pedro miró a Jesús y confió en Él, pudo caminar sobre las aguas. Pero cuando apartó su vista y se fijó en la tormenta, empezó a hundirse. Así también en tu vida, tu fe será firme solo cuando mantienes tus ojos en Él y no en las circunstancias adversas.

Amados, Jesús nos invita a que cada día pongamos nuestros ojos en Él, a que nos aferremos a sus promesas y a que confiemos en su fidelidad. Cuando nuestra mirada está fija en Dios, nuestros pasos serán firmes, y nuestro corazón encontrará paz que sobrepasa todo entendimiento. No olvides que Jesús es nuestro pastor y por eso, con amor eterno, nos cuidará y nos guiará en todo momento.

Recuerda siempre que: ¡Eres un milagro!