Humildad intransigente.

Bendecido Lunes.

Humildad intransigente es la actitud de quien se somete totalmente a Dios con un corazón manso, pero se mantiene firme e inamovible ante el error, el pecado o la mentira, sin dejar de actuar con amor.

En otras palabras:

  • Se arrodilla ante Dios, pero no se doblega ante el mal.
  • Sirve con ternura, pero defiende la verdad sin temor.
  • Calla ante la ofensa personal, pero habla cuando se ofende el nombre de Cristo

Humildad intransigente = “Corazón de siervo, columna de acero.”
Es vivir como Cristo: manso en el trato, pero firme en la verdad

Me doy cuenta que cuando ando sin dinero, soy un poco más humilde en mi manera de actuar y proceder que cuando sí cargo dinero. Por qué sucede eso?

Filipenses 4:12 en la versión Dios habla hoy, nos dice lo siguiente:


Sé lo que es vivir en la pobreza, y también lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a hacer frente a cualquier situación, lo mismo a estar satisfecho que a tener hambre, a tener de sobra que a no tener nada.

Jesús nos mira con ternura y nos dice que en cada jornada, en cada circunstancia, Él está presente y trabaja en nuestro corazón.

Es hermoso reconocer que cuando ando sin dinero, mi actitud y mi proceder son llenos de humildad y sencillez. Jesús sabe que en esa condición, mi corazón se vuelve más consciente de mis necesidades reales y de mi dependencia total en su gracia. La pobreza, en relidad, puede ser un momento en el que el ama se acerca más a Dios, porque en esa vulnerabilidad aprendemos a confiar en su provisión y en su amor infinito.

Cuando tenemos abundancia, sin embargo, puede que mi corazón sea tentado a confiar en mis propios recursos, creyendo que todo se debe a mi fuerza o a mi capacidad. Pero Jesús me invita a recordar que la verdadera humildad no depende de la cantidad de bienes que poseemos. La humildad nace en el corazón que reconoce que todo proviene del Padre, quien te sustenta en la abundancia y en la escasez.

En Filipenses 4:12, en la versión Dios Habla Hoy, Pablo nos recuerda que él ha aprendido a vivir en ambas situaciones: en la pobreza y en la abundancia, en la satisfacción y en el hambre, en tener de sobra y en no tener nada. Eso mis hermanos, revela que la verdadera fortaleza no está en las circunstancias externas, sino en la confianza en Dios, en la quien todo lo podemos.

Jesús te dice que esta es una enseñanza divina: que en medio de cualquier situación, Él busca que nuestro corazón permanezca firme, humilde y agradecido. La humildad no se mide por lo que tienes, o por lo que no tienes, sino por nuestra actitud ante la vida y ante nuestro Padre Celestial.

Recordemos que, sea en la escasez o en la abundancia, nuestro valor ante Dios no cambia. Él nos ama por lo que somos en Cristo y desea que en todo momento confiemos en su providencia, que aprendamos a depender de Él más allá de las circunstancias.

Que esta semana El Señor nos fortalezca en esa verdad. Que en nuestro corazón reine la paz y la humildad, recordando que en Cristo todo tiene sentido y propósito. Confiemos en su amor y en su tiempo perfecto, y pase lo que pase, mantengamos siempre nuestra fe fija en Él. En tu nombre Jesús, Amén.

Recuerda siempre que: ¡Eres un milagro!