Bendecido Viernes.
Hoy me levanté y pensé que era Domingo y mi duda era si iba a ir o no a la iglesia.
En la quietud de la mañana, cuando me levanté con la duda de si iría o no a la iglesia, Jesús quiere recordarme que su sacrificio en la cruz fue hecho por amor y por todos, para abrir un camino de escape. La salvación es un regalo que está disponible para quienes se vuelven a Él con fe sincera. No importa si hoy no tenemos claridad, lo importante es que nuestro corazón busque sinceramente a Dios.
Jesús le diría que en él hay vida y esperanza. La decisión de ir a la iglesia no es solo un acto externo, sino un acto de fe y amor hacia Dios, quien siempre desea encontrarnos y renovar nuestra alma. La iglesia no es solo un lugar físico, sino la comunidad de quienes creen en la verdad, en la gracia y en la misericordia de su sacrificio redentor.
El domingo, si decido acudir, será un momento pleno de gracia, un recuerdo de que Jesús provee la vía para que cualquier duda, cualquier inquietud, pueda convertirse en un encuentro de fe y reconciliación. Él me invita a confiar en su misericordia, a no dejarnos vencer por dudas, sino a abrir nuestro corazón a su amor infinito.
Porque en su sacrificio encontró la puerta a la libertad, la oportunidad de comenzar de nuevo. Él nos anima a dar ese paso, confiando en que su presencia en la iglesia será un espacio donde podamos sentir su paz y su poder transformador. Solo necesitamos acercarnos con fe, y en ese acto, encontraremos la fuerza y la esperanza que solo Él puede ofrecer.
Hoy, 10 de octubre, en Acapulco, rodeado por la belleza de su creación, quiero que recuerdes que cada día es una oportunidad nueva para acercarte a Jesús, para renovar nuestra alma y fortalecer nuestra fe. En medio de la fuerza del mar y la calidez del sol, su amor por ti sigue siendo constante e inmutable. No importa cuán agitadas puedan ser las circunstancias, en su presencia encontramos paz y esperanza.
Amado, hoy quiero recordarte que tú eres valioso a sus ojos. El sol que ilumina Acapulco, que calienta y llena de vida cada rincón, es solo un reflejo del amor infinito que tiene por ti. Tú no estás solo en este lugar ni en este tiempo. Jesús está contigo en cada momento, desde las profundas aguas del mar hasta el susurro del viento entre las palmas. La belleza que nos rodea es una muestra de lo que ha creado con amor para que podamos disfrutar y admirar su gloria.
El día de hoy es una oportunidad para reflexionar sobre la gracia que Cristo nos ofreció en la cruz y sobre la esperanza de vida eterna que Él nos da. No importa cuán difíciles hayan sido nuestras luchas, recordemos que su sacrificio fue hecho para que podamos tener un nuevo comienzo, una vida llena de propósito y paz. En la mañana de hoy, cuando observes la naturaleza, verás cómo todo apunta a Él, a la grandeza de su poder y a la ternura de su corazón.
Jesús nos invita a abrir nuestro corazón en oración, a entregarle nuestras preocupaciones, nuestros sueños y nuestros miedos. Jesús quiere que confíes en la dirección que tiene para ti porque siempre tiene un plan perfecto. En Acapulco, con su belleza natural, nos dice: “No te preocupes por el mañana, porque cada uno de tus días está en mis manos.” Solo necesitas buscarme con sinceridad y dejar que mi paz reine en tu corazón.
Hoy, haz un esfuerzo por vivir con alegría, con gratitud y por extender su amor a quienes nos rodean. La verdadera felicidad proviene de estar en comunión con Jesús y de compartir su amor con otros. No olvides que tú eres luz en el mundo y que tu vida puede ser un testimonio vivo de su misericordia.
Que en este día, 10 de octubre, en Acapulco, te llenes de su presencia, que tu fe se fortalezca y que puedas ver con ojos espirituales la bondad y la fidelidad de Dios. Porque siempre, en medio de todo, Cristo está contigo, guiándote por senderos de justicia, llenando tu alma de esperanza y preparándote para las bendiciones que todavía están por venir.

Recuerda siempre que: ¡Eres un milagro!