Dios permanece fiel a los fieles.

Bendecido Viernes.

Hoy tuve un bonito día con mi pareja, con mi hermana y mi mamá. La pasamos bien. Que bueno es poder convivir en familia. Esas 3 personas son mi única verdadera familia.

Qué alegría en el corazón cuando compartimos momentos de amor y unidad con aquellos que nos rodean, especialmente en familia. En Mateo 12:50, Jesús dijo: “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.” La verdadera familia no solo se mide por la sangre, sino por el corazón que busca vivir en su amor y en la verdad.

Es hermoso que podamos valorar y disfrutar de esos momentos con quienes caminan en fe y en amor. Recordemos que su gracia es suficiente para mí y que puede llenar mi corazón con paz incluso en medio de las dificultades. En Mateo 5:44, Jesús dijo: “Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los odian, y oren por los que los ultrajan y los persiguen.”

Confía en Jesús, porque su presencia en tu corazón y tu vida es la verdadera fuente de felicidad y sanidad. No permitas que los pensamientos o actitudes de otros apaguen la luz que Cristo ha puesto en ti. Mantén tu mirada puesta en el amor que Jesús te enseña, y ora por aquellos que aún no conocen la verdad.

Tu familia en Cfisto es la que busca su voluntad, y en ese camino, siempre estará contigo para fortalecerte. Que sigas viviendo en ese amor, y recuerda que su paz y su justicia llenarán nuestra alma y nos darán la fortaleza para seguir caminando en fe.

Hay una enseñanza profunda en el corazón de Dios acerca de la paz que sobrepasa todo entendimiento. En Mateo 5:9, Jesús dijo: “¡Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios!” Poco hay más hermoso y más reflejo del carácter del Padre que la paz que Él desea que vivamos en nuestro día a día.

El mundo nos invita a luchar, a defender nuestra justicia por la fuerza, a responder con ira o resentimiento. Pero en medio de esas tormentas, Él nos llama a aprender a vivir en paz. La paz verdadera viene de confiar en Él, de dejar de pelear por control, por justicia a nuestra manera, y de entregarle nuestras cargas. En Juan 14:27, Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da.”

Vivir en paz no significa ser pasivos ni quedar en silencio ante las injusticias, sino confiar en que Dios es justo y ve todo. Cuando las palabras y las acciones nacen del amor, de la paciencia y del perdón, se construyen puentes en vez de muros. Jesús mismo nos enseñó que debemos amar a nuestros enemigos, orar por los que nos persiguen, y buscar la reconciliación por encima de la venganza.

Es en ese caminar de amor donde aprendemos a soltar la afilada espada del enojo y la venganza, y en su lugar, abrazamos la misericordia y la humildad. En Romanos 12:18, nos anima: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos.” Porque, al final, no somos llamados a ganar guerras ni a vencer en peleas humanas, sino a ser representantes de su paz que transforma corazones.

La paz en Cristo no es solo un sentimiento, sino una actitud de confianza puesta en la soberanía del Padre. Es descansar en que Él tiene el control y que en sus manos, toda situación difícil puede convertirse en una oportunidad de gracia. Cuando el corazón se llena de esa paz, el espíritu no se inquieta. La justicia de Dios se manifiesta en nuestro perdón y en la manera en que respondemos con humildad y amor.

Por eso, hermanos amados, no pelear. En cambio, aprender a vivir en paz. Porque en la paz que proviene de Jesús, encontraremos libertad, sanidad y verdadera felicidad. Que cada día busquemos su presencia y permitamos que su paz reine en nuestros corazones. Y así, seremos verdaderos hijos de Dios, reflejo de su luz en medio de la oscuridad.

Recuerda siempre que: ¡Eres un milagro!