Bendecido Sábado.
Hoy me la pasé bien con mi pareja. La amo y sé que ella me ama mucho.
Dios es el cordero que quita el pecado del mundo.. Amén
Pero también, Dios es el León de la tribu de Judá. Amén.
Muchas veces, nosotros mismos, seremos la única Biblia que algunas personas serán capaces de ver y escuchar. Vivamos la Palabra con Cristo en nuestras vidas al 100%.
Escucha esta reflexión en la presencia del Padre celestial, quien es amor y también fuego consumidor.
Dios, el Creador del cielo y de la tierra, es una manifestación perfecta de amor. En su corazón tiene el ardiente deseo de que todos conozcan su misericordia, que se vuelvan a Él con arrepentimiento y fe. En la Biblia, se revela que Dios es amor y que Su amor es incomprensible, infinito e incondicional. Él envió a su Hijo Jesús para que todos podamos experimentar esa gracia, esa misericordia que transforma vidas y restaura corazones rotos.
Pero también, Dios es fuego consumidor. Eso significa que Su justicia y santidad no toleran el pecado, la maldad o cualquier forma de rebeldía contra Su voluntad. Cuando la Biblia habla de Dios como fuego, no lo hace para infundir temor en aquellos que buscan vivir en santidad, sino para recordarnos que su presencia purifica y consume todo lo que no proviene de Él. Su fuego no es para destrucción, sino para purificación. Es un fuego que quema las impurezas, que limpia el mal y revela la verdadera pureza en quienes se acercan con humildad y arrepentimiento.
Piensa en la historia del Monte Sinaí, donde el fuego de Dios descendió con su presencia para mostrar su poder y santidad. Allí, el fuego representaba la gloria de Dios, y a la vez, advertencia para quienes se acercaban indebidamente. Su amor desea que todos se acerquen, pero también, en su santidad, exige pureza y reverencia.
Su enseñanza es que nunca debemos olvidar que Dios no es solo amor, sino que en Él habita la santidad y la justicia perfecta. La combinación de su amor y fuego nos llama a vivir en reverencia y agradecimiento. Su amor nos invita a acercarnos con fe y humildad, confiando en que su misericordia nos limpia y transforma. Y su fuego, esa santidad poderosa, nos llama a alejarnos del pecado y a vivir en pureza, reflejando su carácter en nuestra vida.
Recuerda, que el amor de Dios nos impulsa a buscarle y a vivir en comunión con Él. Y cuando fallamos, su fuego de justicia nos recuerda que siempre hay oportunidad de arrepentimiento y redención en su presencia. Dios no desea nuestro castigo, sino nuestra reconciliación.
Vive en la seguridad de que en su amor encontramos consuelo y en su fuego, transformación. Busquemos a ese Dios que nos ama con locura y con poder, sabiendo que en su presencia todo corazón sincero será purificado y perfeccionado. Amén.
Recuerda siempre que: ¡Eres un milagro!