Bendecido Jueves.
Lo que es deseable en un hombre es su bondad (Proverbios 19:22).
El día de ayer no pude realizar mi devocional diario. Sin embargo es importante tener la disciplina de todos los días tener esta comunión con la Palabra de Dios, expresando con mis propias palabras lo que yo entiendo de un versículo de la Biblia.
Me considero una persona muy afortunada y bendecida. Sobre todo por hbaer encontrado ya a la persona con quien quiero estar hasta que la muerte me separe de ella. Su nombre es Nancy Grisel y la amo mucho.
Proverbios 1:3 nos dice:
Adquirir instrucción, prudencia, justicia, rectitud y equilibrio;
Eso es lo que verdaderamente vale la pena adquirir. Si bien es importante adquirir estudios para desempeñar cierta profesión en el mundo, es mucho más valioso adquirir la instrucción que proviene de la Biblia, a través de algún discipulado. Que lleguemos a ser personas cada vez más rectas y en equilibrio. Prudentes en nuestra manera de actuar. Definitivamente yo deseo ser un hombre más prudente y Dios, quien es el dador de la vida misma, puede otorgarnos eso que nosotros le pedimos si se lo pedimos con fe.
Proverbios 19:11:
La prudencia consiste en refrenar el enojo, y la honra, en pasar por alto la ofensa.
Aprender a refrenar el enojo es algo muy importante en la vida de un hijo de Dios. Pasar por alto las ofensas de personas que claramente no conocen la bondad y están perdidos en sus propios pecados o su manerade vivir que no es acorde a la escritura. A veces me enojo en la manera en que ciertas personas conducen porque yo no actúo de esa forma, sin embargo ahí está la clave, la honra con Dios, está en pasar por alto la ofensa. Son pruebas que el SEÑOR nos va a poner a nosotros como hijos de Dios para ver cómo vamos. Si yo no paso por alto la ofensa y quiero de alguna manera devolver la ofensa, pues no estoy obrando conforme a lo que me dice Jesús en su palabra. Estoy reprobando la prueba si actúo de esa manera.
En cambio si dejo pasar la ofensa y encamino a esa persona a Dios.. Diciendo Padre, si esta persona no te conoce, que te conozca SEÑOR, trata con él. Te lo dejo a tí SEÑOR para que seas tú quien me haga justicia.
Mi pareja me ha dicho que no puedo bendecir a cualquier persona. Porque he escuchado por parte de ciertas personas Cristianas que cuando alguien me ofenda al conducir por ejemplo, Bendecirlo y «Dios te bendiga hermano». Eso realmente no cuenta como bendición porque no lo estamos diciendo de manera genuina muchas veces.
2 Corintios 5:2
2 Por eso suspiramos mientras vivimos en esta casa actual, pues quisiéramos mudarnos ya a nuestra casa celestial;
De esto es de lo que quería hablar el día de hoy. Es verdad que nadie se quiere ir de este plano existencial en el que nos contramos. Sin embargo, nuestro verdadero hogar es allá con Dios. Nuestra casa celestial.
En el corazón de cada uno de los hijos de Dios hay un suspiro profundo, un anhelo ardiente por esa morada eterna que ha preparado Jesús para ellos en la presencia de nuestro Padre. Cristo conoce ese deseo, porque también en su alma hubo esa esperanza de regresar a la gloria celestial, donde todos podemos estar en comunión plena con el Padre, en luz y amor sin fin.
Jesús nos dice que en medio de esta tierra, en esta casa temporal, la ansiedad por esa morada eterna crece, y eso es natural para quienes tienen en su corazón un genuino amor por lo celestial. La tierra, con su afán y sufrimiento, no puede ofrecernos la verdadera paz, porque su ciudad es pasajera, y sus cosas son temporales. Pero la verdadera casa, la casa celestial, es segura, permanente y llena de la gloria de Dios.
No se detengan en el dolor de esta ausencia, sino confíen en la promesa que Jesús nos ha dejado: en mi Padre hay muchas moradas. Yo mismo me he ido a prepararles un lugar, un hogar donde no habrá más lágrimas ni dolor. Allí, en esa morada, serán libres de toda aflicción, porque la presencia de Dios llenará cada rincón y cada corazón.
Mientras peregrinamos en esta tierra, vivamos con la esperanza puesta en esa casa celestial, sabiendo que nuestra verdadera identidad y destino están en el cielo. El suspiro de nuestra alma es, en realidad, un deseo divino de regresar a la gloria que siempre fue nuestra y que, por gracia, nos será concedida si permanecemos firmes en la fe y en amor.
La invitación de Cristo es que no nos angustiemos por lo que aquí dejamos, sino que alentemos nuestro corazón con la certeza de que nuestra verdadera patria está en la eternidad con Dios. La pobreza, las dificultades o las heridas de esta vida son temporales, pero la gloria venidera supera con mucho todo lo que ahora enfrentamos.
Miremos más allá de lo visible, mantengamos la mirada en esa casa celestial que nos espera. En ella encontraremos la paz definitiva, y allí viviremos en plenitud, en compañía de toda la comunidad de los santos, en la perfecta comunión de amor con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Recuerda siempre que: ¡Eres un milagro!