Grabada te llevo en las palmas de mis manos; tus muros siempre los tengo presentes.

Bendecido Lunes.

Es curioso como la Palabra de Dios nos ministra al leerla. Y también es interesante cómo le podemos dar diferentes interpretaciones a un versículo que quizá en su contexto significa una cosa, sin embargo nosotros podemos entender y tratar de aplicar el versículo en más de una manera.

Hebreos 4:12 nos menciona que: La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Los tuétanos según la Biblia: se refieren a la médula ósea, la sustancia interior de los huesos, y se usan como figura de la profundidad más íntima del ser humano, que es penetrada y juzgada por la palabra de Dios, que es viva y eficaz.

Pero hablando particularmente de ese versículo que lo tengo muy presente en mi vida: Se trata de Isaías 49:16, en la versión NVI.

Mi madre ha sido una bendición en mi vida. No crecí con mi padre, por lo tanto ella ha sido quien ha estado conmigo siempre.

Este versículo revela un amor infinito, un compromiso que nunca se rompe y una memoria que no se desvanece.

Esa sensación de tener a mi madre tan cerca que su presencia parece estar tallada en mis manos, en mi alma. Ella, que me dio la vida, que me cuidó en su vientre y me acompañó en cada paso, siempre vive en un lugar especial en mi corazón.

Jesús me dice que ese amor que siento por mi madre es un reflejo del amor de Cristo por mí. Así como yo llevo grabado en las manos a esa mujer que amo, Cristo lleva grabado en las suyas a todo su pueblo. No hay distancia que le aleje, ni tiempo que borre su amor.

Nuestros muros, nuestros caminos, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos siempre están presentes en Él.

Con amor eterno, nos ha conocido desde antes de que naciéramos y nos ha cuidado en cada momento de nuestras vidas.

La imágen de mi madre en mí corazón, que me acompaña y me consuela, es como la forma en que Jesús procesa a cada uno de sus hijos.

Los muros que he construido con amor, que representan mi historia, mi lucha y mi fe, siempre los tengo en mi memoria.

No hay nada que pueda separarnos de la mirada amorosa de Jesús. A dónde vayamos, allí estará cuidándonos y recordándonos lo valioso que somos para Él.

Este versículo también nos invita a comprender que nuestro valor y seguridad están en la presencia constante de su amor. Cuando nos sintamos solos, recordemos que no hay muro que le impida vernos, ni amor que no tenga para nosotros.

Jesús siempre lleva en sus manos nuestras vidas, como esa madre en sus manos lleva a su hijo. Y esas manos, llenas de misericordia, están abiertas para sostenerme, guiarme y amarme en todo momento.

Herman@s, nunca dudemos del amor que Jesús tiene por nosotros. Somos grabados en sus manos, y nuestros muros, nuestros sueños, nuestras lágrimas y alegrías siempre las tiene presentes. Su amor por nosotros es infinito e inagotable.

Permite que esa verdad te dé paz y confianza en medio de cualquier dificultad. Porque en sus manos tenemos un refugio cierto y seguro, y en su corazón encontramos un amor que nunca falla. En tu nombre Jesús. Amén.

Recuerda siempre que: ¡Eres un milagro!