Bendecido Sábado.
Hoy vamos a analizar Juan 15:5, Jesús nos dice: «Yo soy la vid; ustedes son las ramas. El que permanece en mí, y yo en él, ese da mucho fruto; porque separados de mí, nada pueden hacer.»
Habrá un árbol, un árbol bueno, cuyas raíces profundas en el amor del Padre le permiten dar frutos buenos. Este árbol es aquel hombre o mujer que ha decidido en su corazón seguir a Cristo, entregarse por completo a la voluntad del Padre, y vivir en comunión con Jesús.
Como ese árbol que no produce frutos a menos que esté arraigado y alimentado por la savia vital de la vida en Jesús, así también, una vida en comunión con su Espíritu produce frutos de amor, paz, paciencia, bondad, fe, humildad y dominio propio.
Este árbol bueno no busca los frutos para su gloria, sino que florece y da frutos por gratitud y por obediencia al Padre Celestial. Es un reflejo de su corazón transformado.
La evidencia de su vida en Jesús se muestra en sus acciones diarias, en su amor por los demás, en su servicio, en su perdón y en la alegría que contagian aun en medio de dificutades. Porque recordemos, un árbol no se ve solo por sus hojas, sino por los frutos que da.
Aquellos que siguen este camino, permanceciendo en Jesús, encontrarán que su vida apunta hacia el cielo, hacia la eternidad, donde solo los que llevan frutos buenos podrán entrar. Porque, solo por gracia y por fe en Cristo, podremos estar en la presencia del Padre Celestial.
La clave está en escuchar y obedecer, en matenerse uno arraigado en su amor, y en ser fieles en las pequeñas cosas. Si permanecemos en Él, y Él en nosotros, seremos como ese árbol fértil, dando frutos que permanecen y que bendicen a muchos. En ellos se verá la claridad de una vida transformada, una vida que va directo hacia la eternidad, un camino que solo puede recorrer quien ha sido realizado en Jesús.
Recordemos siempre que todos los árboles que no dan buenos frutos serán cortados y hechados al fuego. Pero aquellos que permanecen en Él y dan frutos abundantes, serán considerados dignos y entrarán en la alegría del Padre. Poreso hoy, les invito a cuestionar: ¿Está nuestra vida produciendo frutos buenos? ¿Están nuestras acciones reflejando quién realmente somos en el corazón de Jesús?
Vivamos en Él, dependamos de Él, y veremos que un árbol bueno, alimentado porsu amor, da frutos que apuntan hacia la gloria eterna. Porque en el final, solo aquellos que llevan frutos buenos serán considerados verdaderamente hijos del Padre que está en los cielos.
Recuerda siempre que: ¡Eres un milagro!